internacional
Más de 388 millones de cristianos en todo el mundo experimentan actualmente niveles altos o extremos de persecución debido a su fe, según el último informe de Puertas Abiertas. Lista Mundial de Vigilancia 2026 (LMP). El documento revela la escala de violencia, presión y discriminación sistémica contra los seguidores de Cristo.
Los datos de la investigación, realizada entre el 1° de octubre de 2024 y el 30 de septiembre de 2025, muestran que la persecución extrema aumentó y ahora afecta a 15 países.
Este informe expone realidades desgarradoras, como el caso de Corea del Norte, que lidera el ranking de opresión, y los graves conflictos en África y Asia Central que ponen en peligro a millones de creyentes.
América Latina no es ajena al problema. Países como Nicaragua, México y Cuba destacan por su presión contra iglesias y líderes cristianos.
Según el informe, uno de cada siete cristianos en todo el mundo vive en un país donde la persecución es muy alta o extrema. En África, esto afecta a uno de cada cinco creyentes, y en Asia, a dos de cada cinco. Tan solo entre los 50 países con la situación más difícil, hay más de 315 millones de cristianos cuya vida cotidiana está marcada por el miedo y las restricciones a la libertad religiosa.
Los países más peligrosos
Corea del Norte vuelve a encabezar la clasificación, con el cristianismo considerado una amenaza para el régimen. Somalia, Yemen, Sudán y Eritrea les siguen. Nigeria, Pakistán, Libia e Irán también figuran entre los diez primeros, donde los creyentes se enfrentan a la violencia de grupos extremistas, la represión estatal y una intensa presión social.
Violencia contra los creyentes
Durante el período analizado (2025), se registraron casi cinco mil asesinatos de cristianos, un número similar de arrestos y más de tres mil ataques a iglesias y propiedades cristianas. La persecución abarca todas las esferas de la vida: privada, familiar, social, nacional y eclesiástica.
Como enfatiza Puertas Abiertas, la respuesta de la Iglesia universal a la tragedia de las comunidades perseguidas debe ser la oración, la solidaridad y la difusión de la verdad sobre su situación. Sensibilizar a los fieles sigue siendo el primer paso para brindar asistencia real, tanto espiritual como humanitaria, y para defender la libertad religiosa a nivel internacional.