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Un informe revela que, aunque las mujeres concentran el 49% de los préstamos vigentes en Argentina, solo acceden al 41% de los montos financiados. La brecha se traduce en que, por cada $100 otorgados a hombres, las mujeres reciben $69, una diferencia que no responde a la morosidad sino a desigualdades estructurales en el ingreso y la formalidad laboral.
El análisis destaca un fenómeno federal: en provincias como Santiago del Estero (126 mujeres por cada 100 hombres) y Formosa (120), la cantidad de mujeres con financiamiento supera a la de los varones, mientras que en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires la relación es de 93 cada 100.
SIISA —empresa de tecnología y buró de crédito— presentó un análisis sobre la participación de las mujeres en el sistema de crédito formal argentino que evidencia cómo las brechas del mercado laboral tienen impacto en el financiamiento. Si bien la inclusión financiera muestra avances en términos de acceso, la distribución del capital otorgado refleja desigualdades económicas preexistentes más vinculadas a ingresos y estabilidad laboral que a variables de riesgo crediticio.
A nivel nacional, el 49% de los créditos vigentes fueron otorgados a mujeres, una proporción cercana a la paridad. Sin embargo, esos préstamos representan el 41% del total de los montos financiados. En términos concretos, por cada $100 otorgados a hombres, las mujeres reciben $69. El estudio indica que los niveles de morosidad entre hombres y mujeres no presentan diferencias significativas, lo que descarta que la brecha en montos responda a un mayor incumplimiento.
Cada año, la Global Money Week (Semana Mundial del Dinero) invita a reflexionar sobre la importancia de que las personas desarrollen habilidades para tomar decisiones económicas informadas. En un contexto donde el acceso a productos financieros digitales crece de manera acelerada, la educación financiera se vuelve una herramienta clave para promover la inclusión y prevenir el sobreendeudamiento.
En Argentina, la digitalización de los servicios financieros amplió significativamente el acceso a productos como préstamos online, billeteras virtuales y nuevas formas de financiamiento. Este proceso representa una oportunidad para ampliar la inclusión financiera, pero también plantea la necesidad de fortalecer el conocimiento de los usuarios para que puedan utilizar estas herramientas de forma responsable.
El crédito actúa como un espejo de la estructura económica. Cuando existen brechas salariales y mayores niveles de informalidad laboral, también se observan límites en la capacidad de acceder a crédito de mayor escala. El sistema financiero, basado en evaluación de capacidad de pago, traduce esas condiciones estructurales en montos promedio más bajos.
El análisis incorporó además una mirada federal. A nivel país, existen aproximadamente 98 mujeres con crédito por cada 100 hombres. En provincias como Santiago del Estero (126 mujeres cada 100 hombres), Formosa (120), Chaco (113), Río Negro (111) y La Pampa (110), la cantidad de mujeres con financiamiento supera a la de los hombres. Este fenómeno podría estar vinculado, entre otros factores, a una mayor proporción de mujeres jefas de hogar en esas jurisdicciones. En contraste, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires la relación es de 93 mujeres cada 100 hombres.
El fenómeno no es exclusivo de Argentina. Según el informe Measuring the Value of the Female Economy 2025 de la Financial Alliance for Women, las mujeres representan el 45% de los clientes de instituciones financieras a nivel global, aunque persisten diferencias en el tamaño promedio de los préstamos, lo que confirma que la relación entre género, ingresos y financiamiento continúa siendo un desafío estructural en distintos mercados.
Desde la compañía remarcan que avanzar hacia una mayor equidad en el acceso al financiamiento requiere ampliar la información disponible para evaluar perfiles crediticios, especialmente en segmentos con mayor informalidad.
“Cuando analizamos el comportamiento crediticio no observamos diferencias relevantes en los niveles de cumplimiento entre hombres y mujeres. El sistema evalúa riesgo y capacidad de pago, no género. El desafío está en construir modelos de scoring más integrales, que incorporen datos bancarios y no tradicionales para reflejar mejor la realidad económica de cada persona y ampliar las oportunidades de acceso al crédito”, señaló Alberto Teszkiewicz, Coordinador de Investigación y Desarrollo de SIISA.
En este contexto, la integración de información como historial de pago de servicios, actividad económica no bancaria y otras variables complementarias puede contribuir a generar evaluaciones más completas, sin modificar los criterios de riesgo, pero ampliando la base informativa sobre la que se toman decisiones.
De cara al futuro, la inclusión financiera con perspectiva de género no dependerá únicamente del sistema crediticio, sino también de políticas orientadas a reducir la informalidad, fortalecer los ingresos y promover mayor trazabilidad económica. El monitoreo permanente y el análisis de datos desagregados seguirán siendo herramientas clave para impulsar un acceso al financiamiento más equitativo y sostenible.







