martes, 7 de febrero de 2023

La falta de inversión en salud y nutrición obstaculiza el rendimiento escolar


internacional

Aunque la inversión en salud y nutrición escolar tiene un efecto positivo significativo en el rendimiento académico de los niños, una de cada tres escuelas del mundo sigue careciendo de acceso a agua potable y de instalaciones básicas de saneamiento, según un nuevo informe que presentarán el 8 de febrero la UNESCO, el UNICEF y el Programa Mundial de Alimentos (PMA).

“Los alumnos aprenden mejor en escuelas seguras y sanas. Sin embargo, demasiadas instituciones educativas carecen de los medios necesarios para garantizar una buena salud y bienestar, lo que incluye instalaciones esenciales de agua potable y saneamiento. La UNESCO y sus socios hacen un llamamiento a la comunidad internacional para que apoye a los países en sus inversiones en salud, nutrición y protección social en la escuela, porque los niños merecen un entorno en el que puedan desarrollar todo su potencial”, declaró Audrey Azoulay, Directora General de la UNESCO.

El informe, titulado “Aprender y prosperar: Salud y nutrición escolar alrededor del mundo”1 [enlace] muestra que la provisión de salud y nutrición escolar incentiva a los niños a acudir a la escuela y a permanecer en ella. Las comidas escolares por sí solas aumentan las tasas de matriculación y asistencia en un 9% y un 8%, respectivamente.

La desparasitación y la administración de suplementos de micronutrientes pueden hacer que los alumnos asistan a la escuela durante 2,5 años más en lugares donde la anemia y las infecciones parasitarias son frecuentes. El informe también aborda otras cuestiones como la promoción de la atención oftalmológica, la salud mental y el bienestar de los niños y la prevención de la violencia escolar.

El informe subraya que todas estas medidas suponen un importante retorno de inversión para los países, además de mejorar la vida cotidiana y las condiciones de estudio de los niños. Por ejemplo, los programas de alimentación escolar ofrecen un rendimiento de 9 dólares por cada dólar invertido, y los programas escolares que abordan la salud mental pueden proporcionar potencialmente un rendimiento de la inversión de 21,5 dólares por cada dólar invertido.

Inversión insuficiente y desigual

Si bien 9 de cada 10 países del mundo invierten en programas de salud y nutrición escolar, estas inversiones son desiguales de una región a otra y a menudo insuficientes en comparación con las necesidades. Es esencial un mayor compromiso de los gobiernos nacionales y el apoyo de la comunidad internacional. A nivel mundial, sólo se invierten 2.000 millones de dólares al año en atender las necesidades sanitarias de los niños y adolescentes en edad escolar, mientras que en los países de ingresos bajos y medios-bajos se gastan unos 210.000 millones de dólares en la educación de este grupo de edad.

En la actualidad, casi una de cada tres escuelas (31%) carece de agua potable segura e instalaciones básicas de saneamiento. Esto significa que unos 584 millones de niños tienen un acceso limitado o nulo a servicios básicos de agua potable en la escuela; dos de cada cinco de estos niños viven en el África subsahariana. Y aunque casi todos los países del mundo proporcionan comidas escolares, se calcula que 73 millones de los niños más vulnerables siguen sin beneficiarse de estos programas de alimentación escolar sobre el terreno.

Soluciones concretas y asequibles para satisfacer las necesidades locales

La UNESCO, el UNICEF y el PMA hacen un llamamiento a la comunidad internacional, los países y los socios para que intensifiquen las acciones encaminadas a proteger y promover la salud física y mental, la nutrición, el bienestar y el desarrollo de todos los educandos. Se insta a todas las partes interesadas a centrarse en intervenciones clave adecuadas a los contextos y necesidades locales, entre ellas: el suministro de comidas en las escuelas; la vacunación; la desparasitación; el apoyo psicosocial; la educación sanitaria basada en competencias que permita a los educandos llevar una vida sana; y entornos de aprendizaje seguros e integradores que promuevan la salud y el bienestar.