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Tras ser diagnosticada con Síndrome de Hipersensibilidad Química Múltiple, la artista Gabriela Gruszko convirtió una pausa forzada en "Aguante Corazón", una propuesta en arcilla natural que celebra la capacidad de volver a empezar.
Hay momentos en los que la vida exige frenar a la fuerza. Durante años, Gabriela Gruszko volcó sus energías al ámbito corporativo, postergando una pasión que la acompañaba desde la juventud: el modelado y la escultura. Sin embargo, la irrupción de una enfermedad poco frecuente cambió drásticamente sus días y la obligó a replantearse todo su entorno cotidiano.
A partir de ese diagnóstico, Gabriela comenzó a convivir con el Síndrome de Hipersensibilidad Química Múltiple (SQM), una afección que provoca una sensibilidad extrema a sustancias químicas presentes en el aire y los objetos diarios. Ante la necesidad de reconstruirse y encontrar nuevos sentidos en medio del dolor y la incertidumbre, volvió a conectar con la tierra, las manos y el arte que habían quedado en pausa. De ese reencuentro con su esencia profunda nació Aguante Corazón.
El nombre de la iniciativa no es casual: rescata un pasaje de La Odisea donde Ulises, agotado y al borde del colapso, busca en su interior la fuerza para resistir y seguir adelante. Esa imagen encarna la historia viva de Gabriela y de cada una de sus piezas modeladas en arcilla natural. No se trata solo de objetos artísticos, sino de símbolos que celebran la resiliencia, la recuperación de la creatividad y la posibilidad de reencontrarse con uno mismo tras superar momentos difíciles.
Gabriela utiliza hoy sus obras como un puente humano y de empatía. A través de la calidez de la arcilla, Aguante Corazón busca dar visibilidad a quienes atraviesan enfermedades poco frecuentes, transformando una vivencia de vulnerabilidad en una herramienta de concientización y en un canto a la vida.
