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Las Universidades Nacionales de Tierra del Fuego y de Jujuy les otorgaron el título de Doctor Honoris Causa en un histórico homenaje conjunto a la obra "De Ushuaia a La Quiaca", la travesía musical y federal que unió los extremos del país.
Hace cuatro décadas, dos jóvenes músicos decidieron emprender una aventura que transformaría para siempre la memoria sonora y la identidad de la Argentina: salir a los pueblos, a los valles y a los rincones más lejanos del país para escuchar y grabar a sus artistas en sus propios territorios. Esa gesta, convertida en la obra monumental De Ushuaia a La Quiaca, volvió a reunir a sus creadores, León Gieco y Gustavo Santaolalla, en un homenaje cargado de emoción, memoria y compromiso.
En un gesto inédito de integración federal, la Universidad Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur (UNTDF) y la Universidad Nacional de Jujuy (UNJu) unieron sus máximos honores para entregarles de forma conjunta el título de Doctor Honoris Causa. La ceremonia, realizada en la Sala Caras y Caretas de Buenos Aires, destacó no solo la genialidad artística de ambos, sino su inquebrantable defensa de los derechos humanos, la justicia social y el rescate de la diversidad cultural latinoamericana.
Durante el acto, donde recibieron medallas de madera de lenga fueguina guardadas en cajas de cardón jujeño y fueron declarados ciudadanos ilustres de La Quiaca, afloraron los recuerdos de aquel viaje fundacional. "Éramos dos jóvenes que teníamos una necesidad y un amor por nuestro país, y la urgencia de seguir trabajando en encontrar nuestra identidad", expresó Santaolalla. Por su parte, Gieco reconoció la visión de su compañero al negarse a grabar el proyecto en Buenos Aires para ir al encuentro directo con la gente en sus casas, revalorizando además expresiones populares como el cuarteto cordobés antes de que tuvieran el reconocimiento masivo actual.
Tras las distinciones, la velada se transformó en un concierto íntimo y conmovedor junto al violinista Javier Casalla. León abrió la música con Las ausencias, recordando a los estudiantes víctimas de la Noche de los Lápices. Luego, entre anécdotas, fotografías proyectadas y la complicidad de cuatro décadas de hermandad, sonaron clásicos como Pensar en nada, Ando rodando, Don Sixto Palavecino y la emblemática pieza instrumental De Ushuaia a La Quiaca, coronados por la promesa latente de volver a presentar juntos la obra completa en vivo el próximo año.
