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Más de un millón de personas acompañaron el paso del Papa entre alfombras florales, pétalos y repiques de campanas en el acto central de la visita papal a España.
Tras la celebración de la misa de Corpus Christi en la Plaza de Cibeles, el papa León XIV presidió el domingo pasado una multitudinaria procesión eucarística por el centro de Madrid, en una de las imágenes más significativas de su visita apostólica a España.
La ceremonia reunió a más de 1,2 millones de personas que acompañaron el paso del Santísimo Sacramento por la calle de Alcalá, convertida para la ocasión en una extensa alfombra floral de más de 500 metros confeccionada con 30.000 claveles blancos y amarillos.
Comenzó al término de la Eucaristía, cuando la hostia consagrada fue colocada en una custodia de 1943, perteneciente a la catedral de la Almudena y considerada una de las piezas más emblemáticas del patrimonio religioso madrileño.
Precedido por niños de Primera Comunión, laicos, religiosos, sacerdotes y miembros del episcopado, León XIV avanzó por una engalanada calle de Alcalá mientras miles de fieles se arrodillaban al paso de la custodia y lanzaban pétalos de flores. El repique festivo de las campanas de las iglesias cercanas acompañó todo el trayecto.
La jornada dejó una imagen inédita para la historia reciente de la Iglesia en España: la de un Papa acompañando públicamente la custodia eucarística por las calles de Madrid. El gesto fue recibido con especial entusiasmo por los fieles, que manifestaron su cercanía al Sucesor de Pedro a lo largo de todo el recorrido.
Previo a la procesión el pontífice presidió la celebración eucarística en la Plaza de Cibeles de Madrid, en la que destacó la riqueza espiritual de las tradiciones religiosas españolas y exhortó a los fieles a redescubrirlas como una fuente viva de encuentro con Cristo y de compromiso con la sociedad.
"Que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy", pidió el Papa durante la homilía.
El Santo Padre recordó que las celebraciones de Corpus Christi han dejado una profunda huella en la historia de España, expresada en la piedad popular, el arte, la música y la vida de sus comunidades. Sin embargo, advirtió que estas manifestaciones no pueden reducirse a una tradición cultural o folclórica.
"No se trata de una manifestación exterior ni de un simple adorno estético, sino de la fe en la presencia del Señor Resucitado, que está vivo y sigue pasando en medio de nosotros", afirmó.
León XIV subrayó que la Eucaristía revela a un Dios cercano que acompaña a su pueblo y sale al encuentro de las personas en su vida cotidiana. En ese sentido, recordó que Cristo presente en la custodia es el mismo que se identifica con los pobres, los solos y los que sufren.
Por ello, destacó el vínculo histórico entre la solemnidad del Corpus Christi y el Día de la Caridad en España, al señalar que la adoración eucarística debe traducirse en gestos concretos de amor y servicio.
En otro pasaje de su mensaje, explicó que la auténtica religiosidad enseña a reconocer la dignidad de cada persona, a vivir la gratuidad del amor y a permanecer presentes allí donde se necesitan gestos de cercanía y solidaridad.
Al concluir la celebración, León XIV llamó a abrir el corazón a la gracia eucarística para convertirse en portadores de esperanza. "La Eucaristía no nos encierra en una devoción privada, sino que nos envía a las familias, a los pobres, a quienes sufren y a quienes han perdido la esperanza", expresó.